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Entre pitos y flautas, habrá ascenso

Lo de Preciado, el Leverkusen y Pilatos

Escrito por Javier Mínguez

Viernes, 10 Marzo 2017 01:24
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Juan Ramón López Muñiz, entrenador del Levante UD.

No hay que ser demasiado listo ni leer mucho entre líneas para darse cuenta que las cábalas que se están haciendo a cuenta de cuándo ascenderá el Levante UD a Primera División y, por otro lado, los pitos recibidos por el equipo cuando no le salían las cosas frente al Elche, no le han hecho ni pizca de gracia a Juan Ramón López Muñiz. Si alguien como el asturiano, enemigo de las salidas de pata de banco y de elevar el tono, pegó ese tirón de orejas, es porque lleva tiempo mordiéndose la lengua o porque le tocó mucho la moral que sus futbolistas recibiesen los silbidos por parte, una parte bastante pequeña por cierto, de la grada del Ciutat de València. Muñiz es un tipo tranquilo, llano, del pueblo y que no rehúye a la respuesta socarrona. Cuando arrancó la temporada con el Levante UD como un tiro y algún periodista le preguntaba por cuánto sufría el conjunto granota o el mal juego que había desplegado durante parte de un partido, respondía: "Intentaremos hacerlo mejor". Con una media sonrisa en la boca, claro, por no reírse, porque lo cierto es que a estos futbolistas y a este entrenador poco se les puede reprochar. Lo sé, no he descubierto América.

El criterio de los aficionados, repito, de unos pocos frente al Elche, muchas veces es difícil de entender. Personalmente, oí más pitos contra los franjiverdes que en muchos partidos de la temporada pasada, incluso en la recta final cuando el Levante ya se veía abocado al desastre. He visto mantear a Gianni de Biasi, entrenador durante el tramo central de la 2007-08, tras una victoria contra el Zaragoza pese a que los granotas estaban a diez puntos de la salvación (y no me extraña, hablamos de un auténtico gentleman y un gran técnico como demuestra en su paso por Albania). Si a estas alturas queremos cambiar la forma de ser de los valencianos y de parte de la afición del Levante, apaga y vámonos.

Las cábalas a cuenta del ascenso y mucho menos los pitos al equipo le han hecho ni pizca de gracia a Muñiz; quien quiera silbar que silbe pero, entre pitos y flautas, este Levante ascenderá en menos que canta un gallo

Pero vaya por delante, o por detrás en este caso pues estamos en el tercer párrafo, que no comparto para nada los silbidos que tuvo que escuchar el equipo durante algún tramo de la primera parte, cuando iba cayendo por 0-1 frente al Elche. Por no compartir, no estoy de acuerdo ni en que los franjiverdes hiciesen tan gran partido ni en que el Levante estuviese tan flojo. Vamos, lo de Preciado, el Leverkusen y Pilatos. El equipo de Toril se encontró muy pronto con un gol gracias a una maligna conjunción de astros que nubló los sentidos de Postigo pero poco más se vio de los ilicitanos. Y, por cierto, hablamos de un futbolista, el central, de trayectoria intachable en el presente ejercicio y que, aunque esperemos que no suceda más, derecho tiene a enajenarse aunque sea un minuto en todo un año. De lo contrario, si fuese perfecto, estaría jugando junto a Sergio Ramos en el Real Madrid. Sería una especie de Mazinger Z.

Volviendo a Muñiz, el fútbol que despliega el Levante puede gustar más o menos. A mi parecer, el equipo granota ha tenido bastantes momentos de buen juego aunque hay división de opiniones sobre lo que significa jugar bien a fútbol. En otros momentos, los azulgranas han demostrado una espectacular capacidad para manejar y madurar los partidos y golpear cuando el rival más débil se encuentra. El Elche puede que jugase bien, pero es que eso no vale para vencer en el Ciutat. Ni jugar bien ni a veces hacerlo muy bien. O plantas un autobús como el Cádiz o tienes la calidad y el golpeo del Getafe que, por cierto, de poco le vale. Y luego está el técnico asturiano. Lo que no se le puede negar es la personalidad. Si tiene que cambiar a un futbolista en el minuto 30, lo hace sin que se le caigan los anillos y, además, logra que el afectado lo entienda, básicamente porque luego puede ser titular los siguientes cinco partidos. No se esconde cuando tiene que reconocer que se ha equivocado, un 'mea culpa' que iba implícito, por ejemplo, en el doble cambio de Espinosa frente al Getafe. Y tampoco ha vacilado cuando ha tenido que sustituir una y otra vez a su extensión en el campo y al ojito derecho de la afición, Natxo Insa y Morales. 14 veces ha quitado al de Cocentaina y 11 al 'Comandante' (datos recabados por EFE), lo que también deja a las claras el grado de compromiso de éstos y de todos los futbolistas.

Al gijonés, por cierto, que siempre recalca y remarca que se encuentra muy a gusto en el Levante y en Valencia, no se le ha oído todavía decir de forma contundente que se quedará seguro en Orriols. Lógico, en esto del fútbol lo que es blanco se convierte en negro de la noche a la mañana. De momento, hay que seguir disfrutando de sus planteamientos y de la imperial superioridad futbolística y moral de este Levante. Y quien quiera silbar, que silbe y, entre pitos y flautas, el equipo ascenderá a Primera en menos que canta un gallo.

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El Desmarque